Finding Nairobiland

Kenia, el desconocido paraíso de las rosas

 

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Fulanito Feigembaum, le dijo a Menganita Diermissen que le perdonara porque el exceso de cerveza del día anterior le había impedido recordar su aniversario. Y en cuanto pudo le regaló un ramo de rosas. Fulanita Diermissen se las estampó en la cabeza. Craso error que Fulanito Feigembaum no le dijera a Menganita Diermissen de dónde venían las flores, lo que, tal vez, envuelto del romanticismo apropiado, le habría librado de semejante represalia… 

Como a Fulanito, a nadie sorprende ver el icono de una cebra o de una planta de té sobre un mapa de Kenia. Pero… ¿Y si hubiera una rosa? Pues ocurre que, además de los safaris turísticos y de la más tradicional de las infusiones, en Nairobi florece -literalmente- un tercer mercado menos conocido, pero fascinante.  

 

Kenia, el mayor productor de rosas y claveles, ocupa el quinto puesto mundial como exportador de flores y es el segundo del mercado europeo, después de Holanda. Actualmente, según Kenyan Flowers Council, el negocio genera unos 40 billones de dólares anuales y emplea a 100.000 personas directamente e, indirectamente, a dos millones más. Eso y su rápido crecimiento en los últimos años lo convierten en la industria más importante después del té y el turismo. Para su principal cliente, la Unión Europea, supone un 40% de la importación, mientras que en el caso de Inglaterra, un 90% del comercio de flores procede directamente de aquí y de Colombia.

Por supuesto, las flores no crecen en el emblemático paisaje que nuestra mente tiene de Kenia, esto es: sabana y acacias. La industria floral de este país se localiza sobre todo al norte de Nairobi, en los alrededores del lago Naivasha, donde la luz, la altitud y la accesibilidad al agua permiten la horticultura. El cultivo comenzó en los años sesenta, pero no fue hasta veinte años después que las inversiones extranjeras consiguieron impulsar la industria y dotarla de la tecnología apropiada.

 

Se estima que actualmente puede haber unas 500 granjas de flores en todo el país, y sólo en Naivasha hay más de cincuenta. Sin embargo, el grueso de la exportación de alta calidad pertenece a unas pocas plantaciones –adscritas a multinacionales de capital europeo, por supuesto- por las que se extienden hectáreas y más hectáreas de invernaderos. No sólo rosas: también lirios, claveles, crisantemos, alstroemeria, girasoles, rellenos….

 

Oserian Development Company es probablemente la más grande y moderna factoría de flores y una de las responsables de implementar el cultivo de rosas en África oriental. Ésta, junto a otras seis empresas, forman The Mavuno Group, que opera en 60 países y cubre todo el proceso de producción desde el cultivo hasta su entrega final.

 

Sus 254 hectáreas producen 380 millones de tallos al año, es decir, alrededor de un millón al día, gracias a 4.600 empleados de los cuales una tercera parte son mujeres. El principal cliente de Oserian (literalmente, en lengua maasai: "lugar de paz"), es Europa, pero también distribuye a Estados Unidos, Japón, Dubai y Australia, mediante operadores internacionales como Bloom, Teleflowers Auction y World Flowers. En 2009 recibieron la medalla de Hortifair Awards, a las Mejores Rosas del Mundo. También es una de las granjas de claveles más grande del planeta.  

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Finlay Flowers (Swire Group), es otro de los grandes emporios horticulturales en Kenia, negocio que comparten con la producción de té (James Finlays Ltd.) desde hace más de 80 años. Con 2500 trabajadores y 92 hectáreas ubicadas a lo largo  de Kericho, Iondiani y Koru, al oeste de Kenia, también disponen de filiales en China y Sri Lanka. Su principal mercado es Inglaterra y Estados Unidos.

 

Ambas empresas hacen alarde de sostenibilidad medioambiental, comercio justo y  condiciones éticas y seguras para sus trabajadores. De hecho, sus contrataciones abarcan programas sociales de diversa índole, que en el caso de Oserian incluyen derecho a alojamiento para trabajadores y sus  familias (en una infraestructura con capacidad para unas 10.000 personas), cobertura médica, bajas de maternidad, espacios públicos como escuelas, bibliotecas, ludotecas y diferentes ayudas apara la formación y otros proyectos humanitarios.  

 

Sin embargo, no es oro todo lo que reluce y parece que en muchas plantaciones, donde es difícil controlar qué ocurre bajo los interminables invernaderos, el incumplimiento de las medidas de seguridad, la exposición constante a pesticidas y las excesivas horas de trabajo ponen en duda las óptimas condiciones laborales de la mano de obra local. En 2002, la Comisión de Derechos Humanos de Kenia (KHRC) condenó las “explosivas condiciones laborales de los trabajadores” en la industria de las flores. Actualmente, ignoro en qué estado está este tema.

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En otro orden de cosas, el futuro del sector pasa por una necesaria recuperación tras los acontecimientos de los últimos años ya que, primero fueron los conflictos pos-electorales de  de 2008, después la sacudida de la crisis, y ahora una caída del 15% con respecto a 2009 debido sobre todo al frío en Europa y a la nube volcánica de Islandia que paralizó los vuelos europeos allá por abril. Por otro lado, empieza a hacerse notar un competidor emergente: Etiopía. Los incentivos etíopes a los inversores hacen que muchos de ellos se estén mudando al país vecino.

 

Una de las medidas del gobierno para incentivar el sector, es promocionar la venta de flores en el país, algo que actualmente se da en pequeña escala. Al turista le basta un primer vistazo a Nairobi para percatarse de los vergeles espontáneos que salpican cada esquina, lugar predilecto de los vendedores callejeros para apilar cubos repletos de tallos cortados, casi siempre frescos. Es una de las pocas cosas baratas aquí para los blancos (pocos kenianos compran flores de manera frecuente). Con unos diez euros –y eso sin regateo- se pueden llenar dos generosos floreros o regalar un ramo de esos que perdonan casi cualquier cosa. Menos a Fulanito Feigembaum, claro.

 

Sin embargo, las verdaderas joyas de la corona horticultural keniana se esconden bajo los kilométricos invernaderos mencionados antes y son mimadas tecnológicamente para lucir más bonitas y más tiempo (se cultivan especies de rosas que duran hasta tres semanas). Esas, raramente se quedan en el país. Suizos, británicos, alemanes y hasta americanos o japoneses, huelen las rosas vip mucho antes de que nosotros nos demos cuenta siquiera de que existían.

 

A veces, la mercancía se envía a granel para realizar los arreglos en destino, pero otras veces lo que aterriza es directamente el perfecto bouquet etiquetado. Así, desde la correspondiente nave industrial, las flores son transportadas en cámaras con refrigeración al aeropuerto Jomo Kenyatta, donde los aviones aguardan para volar hacia su destino europeo…

 

...Y llegar, en un periodo de menos de 48 horas desde que las cortaron, a las manos de Fulanito Feigembaum. El mismo que, si le hubiera susurrado a Menganita Diermissen desde cuán lejanas tierras había volado su arrepentimiento y su amor eterno, entonces ella, conmovida tal vez por el exotismo del asunto, le habría arreado un beso que se habría sentido hasta en el invernadero más remoto del valle del Rift, como un efecto mariposa con olor a flores o como el aromático efecto boomerang de la rosa que un día nació y creció aquí. Sí… Sorprendentemente aquí mismo.

 

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Video Oserian Dream: http://vimeo.com/16612681

Comentarios

sin despreciar ni echar de menos las flores de kenia, las mas lindas y hermosas se producen en ecuador pais sudamericano siendo repetuosos con el ambiente y amigable con toda la gente que depende de este importante cultivo de rosas. felicitaciones . por tu relato.

Es maravilloso el relato de este documento, muy colorido y alegre. Muchas gracias

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